Centenario

“SEBASTIÁN GAYÁ: UNA VIDA AL SERVICIO DE LA EVANGELIZACIÓN” 

Conferencia de Mons. José Ángel Saiz Meneses

 

Centenario del Nacimiento de Sebastián Gayá

Templo de la Parroquia de Santa María Micaela y San Enrique – Madrid

30 de noviembre de 2013

 

Introducción

“Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo. Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por dura que ésta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas, guardando para ello siempre vivas en su interior las palabras del día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Señor”[1].

Estas palabras del santo padre Benedicto XVI son un buen reflejo de la vida y el ejemplo de nuestro amigo Sebastián. En este acto conmemorativo con ocasión del centenario de su nacimiento, hacemos memoria de su dilatada trayectoria vital, en la que fue testigo y protagonista de cambios profundos tanto en la sociedad como en la Iglesia y en la que supo dar respuesta a los desafíos que se le fueron presentando como lo hacen los hombres de Dios: con firmeza y paciencia, con un celo evangelizador inagotable, configurando su vida al Señor.

Su ideal: ser santo santificando a los hermanos, hacer de su vida un eterno peregrinar en santidad; su afán, su aspiración: llevar el Evangelio a todos los corazones, fermentar evangélicamente los ambientes; su estilo: conocer, conducir, dar la vida, congregar, siempre en aras de la unidad. Su testamento: mantener la unidad.

 

1.Una vida fundamentada en Cristo

“Por tanto, ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded unidos a él, arraigados y edificados en él, afianzados en la fe que os enseñaron”(Col 2, 6-7).

 

Una vivencia de fe cristocéntrica y trinitaria

La fe es un don de Dios, que nos invita a participar de su misma vida divina. Supone la adhesión de toda la persona a la manifestación que Dios hace de sí mismo, una relación personal con Cristo. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo, fundamentados en él y respondemos a la llamada de Dios, con confianza, escuchando su Palabra y poniéndola en práctica. Y la fe se hace más profunda y madura, se consolida y crece a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, a medida que se pone a Cristo en el centro de la vida[2].

Sebastián vivía arraigado, fundamentado en Jesucristo, afianzado en la fe. Su vivencia de la fe, su espiritualidad, era profundamente cristocéntrica. La Hora Apostólica expresa esa relación personal directa y profunda con el Señor, de discipulado, de amistad y de envío misionero. Rezarla de rodillas, junto al sagrario, con los hermanos, transporta a la intimidad del cenáculo, a los pies de la cruz y al envío misionero de Cristo resucitado.

“Yo creo –decía él- que realmente la ‘Hora Apostólica’ tiene ese doble aspecto de conversión de corazón, de conversión de vida, de cambio de vida, de modo de vivir… por un lado; y tiene, por otro lado, toda la ambición apostólica de evangelizar nuestros ambientes”.

Un texto bello y penetrante, hasta lo más hondo del corazón, que desde las primeras páginas expresa el deseo profundo de conocer, amar, ayudar a Jesucristo… de sufrir por Jesucristo, proclamar a Jesucristo, de vivir en Jesucristo.

Queremos ser tuyos, Señor, los tuyos de veras: los que no duden, los que no titubeen, los que no se desalienten, los que no conozcan las medias tintas ni las posturas ambiguas; los que lo den todo antes que alejarse de Ti (…) Te rogamos que nos ENSEÑES, que nos FORMES, que nos VENZAS, y nos ENCIENDAS en santa valentía y en afanes apostólicos.

Lector: En esta hora apostólica permanecemos al pie de tu Cruz, con la Madre y Señora, como San Juan, el apóstol de la invencible fidelidad.

Todos: Señor: Nos acercamos a tu SANTA CRUZ, adorando el misterio de tu Pasión, abrazamos tu cuerpo, destrozado de tormentos, y ensangrentado de heridas….

En firme vigilia rodeamos TU CRUZ sacrosanta para acompañarte en tu hora suprema; para orar contigo por la Iglesia; para ofrecernos contigo como víctimas; para compartir tus dolores y anhelos; para consolarte agonizante en la Cruz y consolarte en las presentes angustias de la Iglesia…”

La primera parte de la Hora Apostólica, la “Presentación al Señor” refleja bien el espíritu de Sebastián y cómo vivía las palabras del día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Señor. Bajo ese misterio de la cruz se desarrolló su existencia. Pobreza, emigración en edad muy temprana, soledad de adolescente y joven. Los estragos del tiempo de la República y de la Guerra Civil, las estrecheces de la postguerra. Las destituciones fulminantes en el pontificado del obispo Enciso o las humillaciones y marginación objetiva en alguna época en el mismo seno del MCC.

En medio de la oscuridad y de la cruz, Sebastián podía repetir como san Pablo: “Mihi vivere Christus est” (Flp 1, 21). Una unión con Cristo alimentada con la oración, especialmente en la celebración eucarística, en la liturgia, en la Palabra de Dios; también a través de la aceptación de todas las circunstancias de su vida, aunque fuesen crucificantes, asumiéndolas siempre con amor y alegría, con un sereno sentido del humor y una estabilidad de ánimo que eran expresión y consecuencia de una vida fundamentada en Cristo.

 

1.2. En manos del Padre bueno

La Buena Nueva del Cursillo es la del Evangelio: que somos hijos de Dios, llamados a vivir la vida nueva de la gracia. Y eso tiene unas consecuencias que se concretan en la contemplación agradecida del amor de Dios, de Dios que es Amor. Por último, vivimos la actitud filial confiando plenamente en el Padre y en su providencia amorosa.

Mi recuerdo de Sebastián es el de un hombre sereno que vivía en esa confianza filial. Su memoria me lleva a uno de mis salmos preferidos, el 130:

“Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre”.

Este bello poema habla del abandono confiado en los brazos de Dios. Expresa la humildad profunda de quien se entrega sin pretensiones a los caminos inescrutables de la providencia. No se deja fascinar por las grandezas pasajeras de esta vida o por metas meramente humanas. Todas sus inquietudes están acordes a la voluntad de Dios. Con la felicidad serena de un niño en brazos de su madre.

Nace en Felanitx (Mallorca), el 30 de julio de 1913. Bautizado en la parroquia de San Miguel al día siguiente. A los 40 días, su madre le consagra a la Virgen en el santuario de San Salvador. A los seis años emigra con sus padres y hermanos a Argentina: Mendoza y Buenos Aires. A los 12 años surge su vocación sacerdotal. Antes de cumplir los 13 años, regresa solo a Mallorca para ingresar en el Seminario, bajo la tutela de su tío Bartolomé Gayá, sacerdote.

“No pudiendo estudiar en Buenos Aires, no me quedaba más remedio que aceptar aquella invitación de mi tío Bartolomé. Eso produjo en mí la determinación, la decisión de tener que abandonar a mis padres, de abandonar mi casa, de abandonar a mis hermanos, de abandonar a mis amigos, de abandonar mis estudios… ¡todo! Todo queda roto. ¡Estoy contentísimo de haberlo hecho! No sé de dónde el Señor sacó fuerzas para que yo lo pudiera hacer, pero lo realmente extraordinario es que, sabiendo que yo no podía tener fuerzas para eso, él las puso por mí”[3].

Durante su época de seminarista mantiene contacto epistolar con sus padres. Desde la distancia conocerá y sufrirá por las estrecheces que padece su familia y por los problemas de salud. También la muerte de su tío unos días antes de la ordenación sacerdotal será un duro golpe para él:

“Dios me probaba, Dios me probaba, Dios me quería fuerte y yo era débil; yo era muy débil, pero Dios me quería fuerte”[4].

Vive una actitud de contemplación y confianza en la providencia con todo lo que tiene de misterio. A pesar de las dificultades y sufrimientos, es capaz de ver el amor de Dios, que le quería fuerte. En medio de las vicisitudes era consciente de que como recuerda san Pablo:

Todo contribuye al bien de los que aman a Dios, de los que Él ha llamado según sus designios (Rm 8,28).

De la contemplación del misterio y de la percepción del amor de Dios en los entresijos de su existencia, brotarán las actitudes de confianza serena, de paciencia y fortaleza en las pruebas. Hablando de la peregrinación a Santiago, de la logística y del catering que les proveía de comida y bebida, dice que seguramente hoy los médicos no lo permitirían. Pero sobre todo, concluye:

“Lo de la peregrinación a Santiago fue realmente algo en que se veía claramente la mano de Dios. La verdad es que aquello fue un momento único de exaltación cristiana de la juventud”.[5]

Sobre los orígenes del Movimiento de Cursillos de Cristiandad responde con rotundidad que son una obra de Dios, en sus orígenes y en la actualidad. Para comprobarlo no hay más que acercarse y vivir la osadía de un Cursillo de Cristiandad. En cualquier clausura se palpa el paso de lo natural a lo sobrenatural, del ateísmo o el alejamiento de Dios al deseo de encontrarse con Él junto al Sagrario.[6]

Su experiencia del amor del Padre le llevaba no sólo a superar las dificultades, sino a una actitud de audacia, consciente de que lo que es imposible a los hombres, es posible para Dios (cf. Lc 18,27). En sus reflexiones para cursillistas dirá:

“…Ya desde ahora quédate bien fija esta idea: el Dios que permite las dificultades, no las permite para atolondrarnos. No las deja crecer para que sean simplemente contempladas, sino para que sean vencidas. Habrá dificultades: cuenta previamente con ellas. Pero no te amilanes: las dificultades surgieron para dar la medida de la profundidad de tu fe y de la agilidad de tu esfuerzo. En otras palabras: nacieron para hacernos grandes, para hacernos mejores”.[7]

“Sin audacia no hay iniciativa posible. Por eso hablamos aquí de audacia: porque es requisito indispensable en nuestras iniciativas apostólicas… A los audaces les ayuda Dios. Después de meditar un poco en el desarrollo de la historia de la Iglesia de estos últimos años, hay motivos para temer a los timoratos”.[8]

Para los momentos en que la tristeza y el desaliento se hacen presentes en el peregrinar, compuso el “salmo de la alegría” cuyo versículo final es todo un reflejo de su abandono confiado en las manos del Padre:

“Bendito seas, Señor, cuando me hiere Tu mano, porque una mano de Padre siempre acaricia. ¡Alleluia!”[9].

 

1.3. Bajo el soplo del Espíritu

El Espíritu Santo ocupa un lugar fundamental en la vida de Sebastián. Él entiende su vida como una peregrinación, como un

“caminar con Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos”·

“En los distintos pasos de mi vida, -declara- he sentido el paso del Espíritu y que, por tanto, si algo bueno hay en esa vida -no sé lo que pueda ser; pero, mirando a mi alrededor, veo muchas cosas que se han puesto en movimiento, otras que no se han puesto en movimiento y deberían haberse puesto- y veo en ello también la “acción discreta” del Espíritu que me ha conducido en los distintos pasos principales de mi vida, de los cuales yo no tengo mérito alguno, ni algo que se le pueda parecer”[10].

Respecto a la pregunta sobre quienes fueron las personas que pueden ser consideradas instrumentos del Señor en la fundación del MCC, su respuesta no deja lugar a dudas:

“La paternidad de Cursillos es exclusiva del Espíritu Santo”[11].

Hecha esta advertencia, continuaba su explicación no hablando de fundadores, sino de iniciadores. Y en este sentido, se remitía a lo que consigna el Estatuto del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad (OMCC):

“El Movimiento de Cursillos de Cristiandad nació en España, concretamente en la isla de Mallorca, entre los años 1940 y 1949. Numerosos laicos y algunos sacerdotes, iluminados por el Espíritu Santo, descubrieron muy claramente el hecho de que también los laicos, en virtud de los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, desempeñan un papel activo y propio en la misión de la evangelización de la humanidad. De este grupo de iniciadores tuvieron parte muy importante sobre todo laicos guiados por Eduardo Bonnín Aguiló, además de varios pastores, entre los que se encontraban el entonces Obispo de Mallorca, Mons. Juan Hervás Benet y Mons. Sebastián Gayá Riera[12].

Su conciencia a este respecto era tan viva que al referirse a los cambios e innovaciones declaró que

“así como lo tenemos ahora sugirió el Espíritu Santo esta fórmula de los Cursillos de Cristiandad para la evangelización del hombre de hoy. Por tanto, con mucho cuidado, con muchísimo cuidado, hay que proceder a esa renovación, que muchas veces consistirá más bien en cosas de léxico que en contenido sustancial”.[13]

La invocación al Espíritu Santo era la forma como Sebastián comenzaba las reuniones de la Escuela de Dirigentes, y es la forma como se comienzan todas las reuniones del MCC. Tenía la clara conciencia de que es el Espíritu Santo el Maestro interior que formaba a aquellos dirigentes, que los modelaba interiormente, que alentaba el trabajo apostólico. Era un entusiasta de la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, particularmente del último capítulo, que trata de las características del evangelizador, y señala como la primera que tiene que “trabajar bajo el aliento del Espíritu Santo[14].

Su ideal fue:

“ser santo para poder santificar a los demás, y ayudar a santificar a los demás para así hacerme santo. Hacer de mi vida, con todas sus cosas, sus luchas y sus baches, un eterno peregrinar de santidad”.[15]

 

Su ideal: la santidad. ¡A Santiago, santos!

 

2. Una vida al servicio de la Evangelización

 

2.1. En la escuela del trabajo “a destajo”

El día diez de marzo del año mil novecientos veintiséis, contando todavía doce años, sale de Buenos Aires, y llega a Barcelona el veintiséis del mismo mes. En Mallorca le espera su tío Bartolomé. Ha dejado a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos, a sus compañeros de colegio, sus juegos infantiles, su ambiente. Comienza a vivir con un sacerdote ya mayor, muy exigente, que en el fondo profesa un gran amor a su sobrino, pero que a la vez le exige mucho, hasta el punto de no tener prácticamente adolescencia ni juventud, Años de soledad, de pasarlo mal, de dificultades[16].

Compaginaba los estudios del seminario con el bachillerato y el magisterio por deseo de su tío. Eso comportaba dedicar las vacaciones a preparar y superar los cursos de bachillerato superior y después los de magisterio. Aunque era un estudiante inteligente y aventajado no tenía por su parte interés en aquello. Pero su tío sacerdote, dedicado siempre a la enseñanza, en aquellos tiempos de la segunda república, donde la escuela laica era la única que se podía contemplar dentro de España, tuvo mucho interés de que su sobrino obtuviera también el título académico oficial para que pudiera en el futuro regentar una escuela. Un interés que era principalmente apostólico, o pastoral, como diríamos ahora[17].

De su tío Bartolomé destaca Sebastián una laboriosidad constante, incansable, motivada por un profundo sentido del trabajo y una particular vivencia de la caridad pastoral, que marcó profundamente la vida del adolescente y joven Sebastián. De él recordaba una frase que le dijo al párroco de Felanitx:

“nunca he trabajado a jornal, lo he hecho siempre a destajo”. De sí mismo dirá Sebastián: “Yo nunca he sabido muy bien el horario laboral, nunca lo he seguido; no, siempre me he extralimitado, pero porque… primero por convicción y segundo por mi temperamento y tercero por el amor que tenía al trabajo que tenía que hacer”[18].

Siendo el tío Bartolomé su única familia en Mallorca durante los años de seminario, Sebastián tuvo que padecer una inevitable soledad. La soledad de quien pasa su adolescencia y su juventud sin la presencia cercana del padre y de la madre, teniendo que tomar por sí mismo no pocas determinaciones. En esas circunstancias no sólo resiste las dificultades, sino que con la gracia de Dios alcanza una más que notable resiliencia, la capacidad no sólo de resistir, sino también de fortalecerse y afrontar con muevas energías los retos venideros. Por otra parte, su carácter quedará definido por la determinada determinación de no instalarse jamás en “las medias tintas” ni en las “las posturas ambiguas”[19].

Hizo el servicio militar como voluntario para que no se retrasase su ordenación sacerdotal. Apenas licenciado como soldado estalla la guerra civil y es llamado a filas hasta que acaba la guerra. Ordenado sacerdote el 22 de mayo de 1937. Es destinado como capellán al batallón de Ingenieros. Allí descubrió su vocación al trabajo pastoral con los jóvenes. Crea seis centros de jóvenes de Acción Católica. Muchos de aquellos jóvenes al acabar la guerra se integrarán en los centros de Acción Católica de las parroquias, y él se decide por el trabajo con los jóvenes de Acción Católica a partir de su experiencia sacerdotal entre los soldados de aquel batallón[20].

Al terminar la guerra será nombrado profesor en el Seminario y también ejercerá de profesor de bachillerato y de los universitarios. Es elegido director de dos colegios de segunda enseñanza, Colegio Luis Vives y Colegio Cervantes, que distaban mucho del Seminario. Trabaja también en la gran misión de Palma, y sobre todo atendiendo los centros de Acción Católica y el Consejo Diocesano de los Jóvenes que estaban preparando la gran Peregrinación a Santiago de Compostela. Todo “a la carrera”, corriendo de un lado para otro, dejándose la vida, intentando abarcarlo todo, trabajando muchas horas y con intensidad, doblando las esquinas a toda velocidad y enganchándose el manteo o la sotana, con los consiguientes rotos que su madre remendaba pacientemente[21].

 

2.2. Preparando la peregrinación a Santiago

En 1944 funda la Escuela de Propagandistas del Consejo Diocesano de Jóvenes de AC. En 1947 es nombrado Consiliario Diocesano de los Jóvenes de AC por el Arzobispo-Obispo Miralles. Desde el Consejo Diocesano asume la preparación de la Peregrinación a Santiago.

Diciembre de 1947, tras la muerte de Miralles, don Juan Hervás le nombra Canciller Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado de Mallorca.

 

Agosto de 1948: Peregrinación a Santiago.

La Peregrinación a Santiago estaba programada para agosto de 1948. La consigna:

“¡100.000 jóvenes a Santiago!”.

Para prepararse adecuadamente: Cursillos de Adelantados de Peregrinos en todas las diócesis, y Cursillos de Jefes de Peregrinos en todas las parroquias[22]. Asistieron más de 70.000 peregrinos, por lo que se convirtió en el acontecimiento religioso más relevante de los celebrados en España aquel año.

Durante los años precedentes se fue preparando concienzudamente la participación mallorquina en la peregrinación. Al respecto destacaremos dos aspectos importantes. Primero, el hecho de que todos los acontecimientos eclesiales de aquellos años se enmarcan en una perspectiva de peregrinación. Segundo, la importancia en orden a la formación que tienen unos artículos escritos en “Proa” por D. Sebastián Gayà, junto con la Carta Pastoral dirigida a los jóvenes por el obispo diocesano Mons. Hervàs.

Haciendo un breve repaso de los cursos previos a la peregrinación, encontramos en el programa del curso 1946-47, tres pilares formativos: Ejercicios Espirituales, Cursillos intensivos de formación, y la Escuela de Dirigentes[23]. Los días 24 y 25 de abril de 1948 se celebra El Congreso de Lluch[24], que será como un preludio de Santiago. Participan en él 3000 jóvenes mallorquines. La mañana del 25 tiene lugar un solemne Pontifical que preside el Sr. Obispo. Después, se consagra la juventud de Mallorca al Sagrado Corazón de María. Luego vendrá la entrega de bordones de peregrino.

También hay que recordar que cada año se celebraba una asamblea diocesana. La IX Asamblea Diocesana tiene lugar el 31 de enero y 1 de febrero de 1948. La tarde del 31 se hace presente Mons. Hervàs para bendecir la imagen de la Virgen de Lluch que irá a Santiago con los peregrinos. El sentido de la peregrinación es hacer de la juventud mallorquina una juventud que viva en gracia. Para la Clausura van al Sagrario y rezan la “Hora Apostólica”, una larga oración que junto con otras, ha sido editada por el Consejo Diocesano en un librito titulado Guía del Peregrino.

Es de justicia destacar otros dos elementos por lo que aportaron de contenido doctrinal a la preparación de la peregrinación. En primer lugar, una serie de artículos aparecidos en “Proa” bajo el título Etapas de un peregrinar, firmados por don Sebastián Gayà, y en segundo lugar, la Carta Pastoral que Monseñor Hervàs dirige a los jóvenes mallorquines de Acción Católica con motivo de la peregrinación.

El conjunto de artículos que lleva por título Etapas de un peregrinar se publica mensualmente de diciembre del 45 a junio del 46. Tras la interrupción del verano, hay otras tres entregas seguidas de octubre a diciembre del 46. La VII Asamblea Diocesana había tenido escaso color compostelano. Estamos en noviembre de 1945. La VIII Asamblea Diocesana, celebrada en mayo de 1947, tiene un estilo muy distinto y un carácter más explícito de peregrinación. Entre una y otra se sitúan estas Etapas de un peregrinar que sin duda aportaron contenido para una formación de fondo. Como preámbulo de la primera, viene una nota explicativa:

“Cumpliendo el plan de actividades señalado en el lema ‘Estudio’, aprobado en la Asamblea para el presente curso, empezamos en este número una serie de artículos bajo el título “etapas de un peregrinar”, en torno al tema “la gracia y la caridad”

enfocado bajo el prisma de Santiago. Los artículos irán divididos en epígrafes o partes, para que puedan servir de norma y pauta, si pareciere bien, para las reuniones de estudio del mes. Se ha encargado de su redacción el Rdo. D. Sebastián Gayà, Pbro.”[25].

La Carta Pastoral de Mons. Hervàs aparece en “Proa”[26], en el número correspondiente a abril de 1948, el mismo mes en que tiene lugar el Congreso de Lluch. También tiene una nota en que se explica que se leerá en los círculos de estudio de los jóvenes de Acción Católica, y también de todas las demás Asociaciones juveniles. La Carta Pastoral[27] de Monseñor Hervàs está dirigida a los jóvenes de Mallorca y se puede sintetizar diciendo que se trata de una exhortación a peregrinar a Santiago santos, viviendo la vida de la gracia, sintiendo con la Iglesia para devolver el sentido de peregrinación a la vida.

 

2.3. “Kairós” sobre Mallorca. Santiago y el nacimiento de algo nuevo

En la revista “Proa”[28] encontramos narradas las andanzas de los 700 peregrinos mallorquines, desde la tarde del 25 de agosto hasta la mañana del 3 de septiembre. Cuando vuelven a Mallorca el recibimiento es multitudinario. Se entona un Te Deum de acción de gracias, y presididos por la Virgen de Lluch se abren paso hasta la Plaza de Cort. Reciben la bienvenida del alcalde, y don Sebastián Gayà, consiliario diocesano, dirige unas palabras desde los balcones del ayuntamiento en medio de la euforia general. Será un resumen profundo y certero, sintetizando el sentido de la peregrinación y la proyección de futuro:

“Fuimos a Santiago 700 peregrinos. Volvemos 700 apóstoles para iniciar la marcha de la conquista sobre la juventud”[29].

Es muy significativa la portada de la revista “Proa”. Contiene dos editoriales. Uno titulado Cara al ayer firmado por el Presidente diocesano, que da las gracias a cuantos colaboraron a la realización de la peregrinación. El otro, titulado Cara al mañana, firmado por el Consiliario diocesano, que plantea la proyección de futuro que debe darse a la experiencia de la peregrinación. Estas son las tres ideas más reveladoras[30]:

  1. No podemos vivir de recuerdos. Hay que proyectar hacia el mañana la gracia que hemos recibido y vivido.
  2. Santiago no era una meta final sino un punto de partida. No íbamos a buscar relevo y descanso, sino a pedir fuerzas y posibilidades de conquista para merecer ser vanguardistas y adelantados.
  3. Hay que dar cauce a tanta vida, canalizar tanto potencial. No se puede dejar estancada tanta actividad. En la empresa apostólica hemos de aplicar generosamente la inteligencia, el corazón, la voluntad, los brazos y las rodillas.

Hay una clara intención de continuidad. El final del escrito es una concreción práctica para el curso que comenzaba:

“¿Qué hemos hecho desde entonces? El Consejo tiene elaborado el plan del curso. Para noviembre prepara la Asamblea. Dentro de unos días, se abrirá la Escuela de Dirigentes. Se estudian las tandas de Ejercicios y los Cursillos a organizar. Colaboramos en el Año Mariano (…) Es la hora de la acción. La sementera está inmejorablemente abonada. Durante años, nuestra consigna fue: A Santiago. Hagamos, ahora, santo y seña de nuestra vida, ésta otra: Desde Santiago, santos y apóstoles, por la gloria de Santa María «Asumpta»“[31].

El plan de curso que el Consejo ha elaborado contiene Ejercicios y Cursillos, y lo más inmediato, en noviembre, la Asamblea Diocesana. Dicha Asamblea Diocesana, la décima,[32] se puede resumir según el cronista en una frase poética: un canto a la esperanza. La primera ponencia versa sobre “La proyección apostólica de la peregrinación a Santiago. La segunda ponencia trata sobre El joven de Acción Católica frente al Año Mariano”. Finalmente, el Sr. Obispo clausura la Asamblea con un significativo discurso en el que pregunta a los jóvenes qué han traído de Santiago, y se responde él mismo:

“¡El fuego de Santiago! Había que ir a Santiago para avivar más ese fuego que ya ardía en vuestros corazones; el fuego que Jesucristo vino a traer a la Tierra, y que vosotros habéis de repartir y comunicar a los jóvenes[33]. Después les da cuatro consignas prácticas, de las que la primera es precisamente no dormirse en los laureles de Santiago. Hay que llegar a la meta: a la conquista de la juventud de Mallorca”[34].

El número 122 de la revista “Proa” que corresponde a enero de 1949, en la esquina inferior derecha de la página segunda trae una breve nota titulada Cursillo de San Honorato, que dice así:

“En el mismo momento en que sale a luz este número de “Proa”, 21 jóvenes de varios pueblos de Mallorca, habrán terminado un Cursillo de formación y apostolado. Tenemos noticias de allá, breves, pero buenas y santas. El Rector, Consiliarios y Dirigentes del Cursillo han puesto su valía, el Consejo las rodillas y Dios la gracia. En el próximo número daremos una crónica completa”[35].

 

El nacimiento del Cursillo

Este Cursillo formaba parte del plan de curso que el Consejo había elaborado. Lo primero ha sido la X Asamblea Diocesana, que se ha celebrado en noviembre. Después se procedería a la realización de los Cursillos programados. Intentaremos reconstruir los hechos.

Don Sebastián Gayá llama a Guillermo Payeras[36] el día 12 de diciembre encargándole que asistiera como director espiritual al Cursillo, para lo cual tenía que preparar cinco lecciones sobre gracia y una meditación para cada día. El retiro inicial sería dirigido por J. Capó, por lo tanto convenía contactar con él así como con el equipo seglar que impartía otras lecciones, sobre todo Bonnín que sería el rector. Esta era la previsión y así se llevó a cabo según lo narra la revista “Proa”, en la que encontramos la crónica y otros datos sobre el Cursillo[37].

Reproducimos parte de la crónica que un asistente realizó y publicó al mes siguiente en “Proa”:

“Los actos empezaron el día 7 por la tarde, con retiro dirigido por el Rdo. D. Juan Capó. Continuaron los días 8, 9 y 10, durante los cuales se explicaron las lecciones del Cursillo. El Rdo. D. Guillermo Payeras, intercaló, con singular acierto, algunas explicaciones de la doctrina de la gracia (…) Nos honraron con sus visitas, el Señor Ecónomo de Randa, nuestro Consiliario Diocesano —que dio una de las lecciones— y Juan Mir (…) Terminaron los actos el lunes por la noche, con abundancia de discursos. Todos teníamos algo que decir. Como acto final, Eduardo dio lectura a una carta del Sr. Obispo a los cursillistas, que colmó la medida de nuestros sentimientos”[38].

Este es el primer Cursillo de Cristiandad propiamente dicho, y de él arranca la numeración. Sebastián tomó parte en el tercer día y presidió la Clausura en nombre del Obispo. Allí pronunció aquella frase que resultó profética:

“Mayores maravillas veréis.”

 

Su afán, su objetivo: la evangelización. ¡Desde Santiago, santos y apóstoles!

 

3. Una vida al servicio de la comunión 

«Que todos sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea» (Jn, 17,21).

 

3.1.Morir a sí mismo para dar un fruto abundante

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12, 24).

Jesucristo es el grano de trigo que cae en tierra y muere y da un fruto abundante. El Señor explica esta analogía aplicándosela a sí mismo y señalando el camino de todo el que quiera ser su discípulo. El sentido de la existencia del grano de trigo consiste en ser sembrado, morir en el surco y multiplicarse en una espiga repleta de nuevos granos.

Cristo muere para resucitar. Desde la cruz renace a una vida nueva que se convertirá en salvación para todos los hombres. También los discípulos hemos de morir para resucitar. En los mártires, esta muerte es instantánea, pero en nuestro caso se da a través de un proceso. El grano muere poco a poco. La muerte a uno mismo ha de realizarse desde una vivencia personalizada y profunda del seguimiento de Cristo.

La muerte a uno mismo llega por caminos a menudo no buscados ni previstos. Así fue para nuestro hermano en distintos momentos de su vida en que tuvo que superar desde penalidades físicas y enfermedades hasta incomprensiones y destituciones en el seno de la Iglesia. Así fue especialmente cuando el año 1955 el fruto de sus trabajos y de sus desvelos estuvo en serio peligro de aniquilación y cuando le tocó padecer el apartamiento de sus cargos principales y la oscuridad de la arbitrariedad y la injusticia. A pesar de todo, siempre la constante en su vida del amor a la Iglesia, de la fidelidad incondicional a la Iglesia.

Pero el Señor siempre abre nuevas rutas, y poco después del traslado de Monseñor Hervás a Ciudad Real, el año 1956, don Sebastián fue llamado a Madrid para incorporarse a la Dirección de Operaciones de la Comisión Católica de Migraciones, desde la que impulsó la expansión internacional del Movimiento de Cursillos invitando a los futuros capellanes de nuestros emigrantes a participar en Cursillos de Cristiandad antes de marchar al extranjero.

El 12 de julio de 1962, la Conferencia de Metropolitanos Españoles crea el Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad, y el Director del mismo, Monseñor Hervás, entonces obispo de Ciudad Real, solicitó de nuevo su colaboración como Vicedirector, encargándole de su organización, funcionamiento y desarrollo en Madrid. Desde tal responsabilidad promovió la Primera Ultreya Mundial (Roma, 1966) con la memorable intervención del Papa Pablo VI.

Hacemos memoria hoy también de sus innumerables servicios como Director del Boletín durante 23 años, Director de Publicaciones y Secretario General, sus dilatados años como Viceconsiliario del Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de España. En esta condición visitó muchos Secretariados Diocesanos, colaboró en diversas publicaciones nacionales y extranjeras e intervino decisivamente en la creación del Grupo Europeo de Trabajo (GET).

En 1977 creó, con un grupo de laicos, la Escuela de Dirigentes de San Pablo, integrada en el Secretariado Diocesano de Madrid, de cuya Dirección Espiritual se ha ocupado personalmente hasta 1998. Además de celebrar centenares de Cursillos de Cristiandad con muchos miles de participantes, dicha Escuela ha generado una docena de Ultreyas que se reúnen cada semana en distintos puntos de las diócesis de Madrid, Getafe y Alcalá y, también la Escuela de Dirigentes de Santiago Apóstol.

 

3.2. Maestro, pedagogo y psicólogo

Recordemos la dedicatoria de la guía del peregrino:

“A TÍ que llevas el alma llena de angustias y de ilusiones; a ti que, aspirando a mucho, sientes en tus miembros la ley de la carne; a ti, que no te resignas a una vida mediocre, y eres peregrino que no encuentras en la tierra una ciudad permanente, y te sabes caminante de un más allá; a ti, vanguardista de un ideal, se te dedican estas páginas. Quien las escribió, creyó hacerlo en nombre de TU SEÑOR”

Sebastián rezumaba ilusión y esperanza. El Señor le había dotado con una penetración psicológica que le hacía conocedor del corazón humano. Por eso conectaba a fondo con las personas, sintonizaba con los anhelos más profundos. Era consciente de que el ser humano es impulsado por su naturaleza a buscar la verdad y a buscar el sentido de las cosas y sobre todo el sentido de su vida.

También sabía que el corazón humano tiende a una felicidad plena, y se entrega con ilusión a proyectos y actividades esperando saciar esa sed. Pero una vez y otra experimenta una insatisfacción y un vacío interior que los bienes materiales no pueden llenar. El ser humano necesita razones para vivir, para entregarse, para dar lo mejor de sí mismo. Este ser humano que busca la felicidad, busca a Dios, y sólo Dios puede saciar su sed de trascendencia, sólo en Dios puede encontrar la felicidad que anhela su corazón. El Cursillo propicia de forma admirable ese encuentro con Dios.

Aplicaba con maestría lo que en el mundo de la pedagogía se ha convenido en llamar efecto pigmalion. Según este principio, la forma como tratamos a quien está a nuestro lado está influida de manera sutil por las expectativas que nos hemos forjado sobre esa persona. Y al mismo tiempo parece como si hubiera un mecanismo oculto que provoca que su progreso responda según a las expectativas que se depositan en ella. De ahí que sea tan importante confiar en las personas, porque de esta manera hacemos un llamamiento al cambio, a la superación, al crecimiento personal.

Ésta es la pedagogía de Jesucristo en el Evangelio y éste es el núcleo de su mensaje: Dios nos mira con un amor entrañable e infinito, y respetando nuestra libertad nos llama a la perfección y nos ayuda eficazmente a alcanzarla. Jesús nos lo dirá en el Sermón de la montaña, que culmina con el ideal máximo de perfección:

«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (cf. Mt 5, 48).

Ésta era la pedagogía de Sebastián y esta es la pedagogía del MCC.

También comprendió que para la misión evangelizadora es imprescindible la capacidad de convivir y colaborar con otras personas, la capacidad de interactuar e integrarse en el grupo y en la comunidad. Y no sólo se necesita proximidad física sino también proximidad psicológica, relación e interacción con otras presencias próximas y amigas. Hace falta un grupo en que las relaciones sean de comunicación profunda, de afecto, de compartir en común.

La vida del peregrino es una vida en familia, una vida en Iglesia[39], y los miembros de la Iglesia deben vivir para sí, para los demás y para todo el Cuerpo. De ahí La experiencia de una comunidad cristiana responde a esta búsqueda, a este deseo profundo. La comunidad cristiana es relación profunda, comunicación de espíritus. Significa vivir en amistad, en clima de familia, con la solidaridad de los que forman una única realidad. Significa compartir los bienes materiales y las situaciones interiores. Significa responsabilizarse mutuamente los unos de los otros.

Trabajo en equipo. Fue un adelantado…..

 

3.3. «Que todos sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea» (Jn, 17,21). Una vida conservando la unidad.

El dos de diciembre de 2006 fui a hacerle una visita y a compartir con él una jornada inolvidable que culminó con la celebración de la Eucaristía. Durante el tiempo que charlamos a solas en su habitación le pregunté si tenía algún consejo último, alguna recomendación que quisiera expresar para el Movimiento de Cursillos. El respondió:

“mantened la unidad”.

Quise asegurarme de que no se trataba de una idea pasajera o fruto de alguna circunstancia momentánea y se lo pregunté dos veces más en distintos momentos y con cierta solemnidad. La respuesta fue exactamente la misma:

“Mantened la unidad”.

Estas palabras de Sebastián nos desvelan otra prioridad, que nos remite al testamento del Señor en la última cena:

«Que todos sean uno, como tú y yo somos uno, para que el mundo crea» (Jn, 17,21).

Mantener la unidad, conservar la unidad. Si repasamos con atención su vida, hemos de concluir que éste ha sido uno de los elementos esenciales. Es éste un reflejo del talante de Sebastián y de su proceder a la hora de su trabajo pastoral, de la colaboración que se hace tan difícil en ocasiones en el mismo seno de la Iglesia. Cuenta don Juan Capó en Pequeñas historias de la historia de Cursillos de Cristiandad, hablando de los primeros tiempos de la Escuela de Dirigentes, que

“Don Sebastián impulsó dinamismo juvenil, alentó una mística de acción y de entrega. Impulsó y comprendió. Compartió y estuvo o en la raíz o en la avanzadilla de todo lo que se intentó de fecundo entre la juventud de entonces de Mallorca. Recuerdo cómo miraba, intenso y callado, cuando se discutía. Cómo presidía las reuniones del primer esbozo de Escuela de Profesores. Era por la noche, a última hora… Escuchaba; intervenía, equilibraba, enderezaba, pero sobre todo encontraba la palabra de síntesis”.

Así era Sebastián, un padre, un maestro y un amigo. Dotado de un talento excepcional para coordinar personalidades tan fuertes como las de aquellos jóvenes sacerdotes y laicos, para sumar las capacidades y aportaciones de todos y cada uno, procurando conservar siempre la unidad. Dotado también de una gran humildad, de una gran discreción y generosidad en las relaciones personales, en el trabajo de equipo.

La humildad que sitúa a la persona en la verdad y la libra de la vanidad, de la soberbia. Es la actitud lógica de la criatura ante el Omnipotente, ante el Santo. Nace del sentido de Dios, es decir de la conciencia plena de su realidad. Esta conciencia plena de su realidad sólo puede tenerla quien mantiene una relación personal con El. Cuando se vive inmerso en Dios, se experimenta la propia nada, que todo es don suyo. En la presencia de Dios, en la verdad de su luz, el hombre se siente pecador y a la vez experimenta la confianza plena en Dios, en su amor, en su gracia.

La humildad que se aprende también de la contemplación de Cristo Redentor y de su camino de humillación hasta la muerte en cruz. La humillación es el camino, la pedagogía en la obra redentora de Cristo. La humildad es adhesión al camino recorrido por Jesús y seguimiento de sus pasos desde la unión con El. No solamente es una virtud importante, sino que es el fundamento de todas las virtudes. Todo el edificio de la vida espiritual tiene sus cimientos en la humildad. Todo progreso espiritual es gracia de Dios, y Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes. Sin duda la humildad es una de las características más propias de Sebastián.

Sacerdote de Jesucristo, evangelizador infatigable y gran pedagogo que sabía confiar en las personas propiciando que cada uno ofreciera lo mejor de sí mismo, que desarrollara los talentos recibidos del Señor. Sebastián nos enseña las actitudes del precursor, nos enseña a dar paso, a sacrificar el protagonismo personal para lograr una mayor eficacia apostólica, un mayor fruto pastoral. Como la sal, que da vigor, alegría, consistencia, y mientras tanto va desapareciendo. Como la luz que ilumina y que aporta las referencias necesarias para situarse y avanzar sin necesidad de anunciarse, sin propagandas estériles. Como el fermento, que ejerce su enorme fuerza transformadora con una total discreción. Y todo ello para favorecer la colaboración, la concordia, la unidad.

Quiero repetir textualmente unas palabras que pronuncié en el Monasterio de san Honorato (Mallorca) el 29-12-07 en la homilía de la Misa exequial:

“Desde el balcón del Ayuntamiento en la Plaza de Cort a la vuelta de la peregrinación a Santiago, el 3 de septiembre de 1948, Sebastián dirigió unas palabras en medio de la euforia general sintetizando el espíritu de aquel momento: “si durante años nuestra consigna fue A Santiago, santos, a partir de ahora que sea esta otra: Desde Santiago, santos y apóstoles”. Yo me permito recomendar hoy de su parte un añadido: “Desde Santiago, santos, apóstoles y unidos”. Unidos para poder ser creíbles en la misión, unidos para poder alcanzar la santidad”.

Su testamento: la unidad. ¡Santos, apóstoles y unidos!

 

[1] BENEDICTO XVI, Homilía a los seminaristas, Madrid, 20 de agosto de 2011.

[2] Cf. BENEDICTO XVI, Homilía en la Santa Misa, Cuatro Vientos, 21 de agosto de 2011.

[3] II, 13.

[4] III, 32-35.

[5] IV, 21-26.

[6] Cf. VIII, 11.

[7] Reflexiones, 235.

[8] Reflexiones, 150.

[9] Reflexiones, 128-9.

[10] Entrevista Paco Sanz

[11] MARIVI GARCIA, Conversaciones con Sebastián Gayá, Madrid 2005.

[12] Estatuto del Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad (OMCC). Ciudad del Vaticano, 30 de mayo de 2004, n. 3.

[13] VIII, 34-35.

[14] Cf. V, 95-99.

[15] SEBASTIÁN GAYÁ RIERA, Reflexiones para cursillistas de cristiandad, p. 43, Madrid 2009

[16] Cf. III, 14-18.

[17] Cf. III, 36-37.

[18] II, 35.

[19] Cf. II, 17.

[20] Mariví 46-47

[21] Cf, Ibíd.

[22] Cf. Ibíd., p. 550.

[23] Cf. “Proa”, n. 94, septiembre de 1946, p.1.

[24] Cf. “Proa”, n. 114, mayo de 1948, pp. 1-8.

[25] “Jóvenes ACCIÓN CATÓLICA”, n. 85, diciembre de 1945, p. 45.

[26] Cf. “Proa”, n. 113, abril de 1948, pp. 2-3.

[27] Cf. “Proa”, n. 113, abril de 1948. Díptico sin paginar que acompaña a la revista.

[28] “Proa”, nn. 118-119, septiembre-octubre 1948

[29] Ibid., p. 10.

[30] Cf. Ibid. p. 1

[31] Ibíd. p. 1.

[32] Cf. “Proa”, n. 121, diciembre de 1948, p. 2-7.

[33] Ibíd., p. 4.

[34] Ibíd.

[35] “Proa”, n. 122, enero de 1949, p.2.

[36] Cf. C. M. SANMARTÍN, Monseñor Hervás, “el obispo de los Cursillos”, Estella (Navarra) 1989, p.29.

[37] Cf. “Proa”, n. 123, febrero de 1949, p. 4.

[38] “Proa”, n. 123, febrero de 1949, p.5.

[39] Cf. Proa, n. 91, junio de 1946, pp. 3-4.