Conferencia de Mons. José Ángel Saiz Meneses

Palabras extraídas de su conferencia pronunciada con motivo del Centenario del Nacimiento de Sebastián Gayá. 

Sobre la Hora Apostólica:

“Sebastián vivía arraigado, fundamentado en Jesucristo, afianzado en la fe. Su vivencia de la fe, su espiritualidad, era profundamente cristocéntrica. La Hora Apostólica expresa esa relación personal directa y profunda con el Señor, de discipulado, de amistad y de envío misionero. Rezarla de rodillas, junto al sagrario, con los hermanos, transporta a la intimidad del cenáculo, a los pies de la cruz  y al envío misionero de Cristo resucitado.

“Yo creo –decía él- que realmente la ‘Hora Apostólica’ tiene ese doble aspecto de conversión de corazón, de conversión de vida, de cambio de vida, de modo de vivir… por un lado; y tiene, por otro lado, toda la ambición apostólica de evangelizar nuestros ambientes”.

Un texto bello y penetrante, hasta lo más hondo del corazón, que desde las primeras páginas expresa el deseo profundo de conocer, amar, ayudar a Jesucristo… de sufrir por Jesucristo, proclamar a Jesucristo, de vivir en Jesucristo. Queremos ser tuyos, Señor, los tuyos de veras: los que no duden, los que no titubeen, los que no se desalienten, los que no conozcan las medias tintas ni las posturas ambiguas; los que lo den todo antes que alejarse de Ti (…) Te rogamos que nos ENSEÑES, que nos FORMES, que nos VENZAS, y nos ENCIENDAS en santa valentía y en afanes apostólicos.

Lector: En esta hora apostólica permanecemos al pie de tu Cruz, con la Madre y Señora, como San Juan, el apóstol de la invencible fidelidad.

Todos: Señor: Nos acercamos a tu SANTA CRUZ, adorando el misterio de tu Pasión, abrazamos tu cuerpo, destrozado de tormentos, y ensangrentado de heridas….

En firme vigilia rodeamos TU CRUZ sacrosanta para acompañarte en tu hora suprema; para orar contigo por la Iglesia; para ofrecernos contigo como víctimas; para compartir tus dolores y anhelos; para consolarte agonizante en la Cruz y consolarte en las presentes angustias de la Iglesia…”

La primera parte de la Hora Apostólica, la “Presentación al Señor” refleja bien el espíritu de Sebastián y cómo vivía las palabras del día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Señor. Bajo ese misterio de la cruz se desarrolló su existencia. Pobreza, emigración en edad muy temprana, soledad de adolescente y joven. Los estragos del tiempo de la República y de la Guerra Civil, las estrecheces de la postguerra. Las  destituciones fulminantes en el pontificado del obispo Enciso o las humillaciones y marginación objetiva en alguna época en el mismo seno  del MCC.

En medio de la oscuridad y de la cruz, Sebastián podía repetir como san Pablo: “Mihi vivere Christus est” (Flp 1, 21). Una unión con Cristo alimentada con la oración, especialmente en la celebración eucarística, en la liturgia, en la Palabra de Dios; también a través de la aceptación de todas las circunstancias de su vida, aunque fuesen crucificantes, asumiéndolas siempre con amor y alegría, con un sereno sentido del humor y una estabilidad de ánimo que eran expresión y consecuencia de una vida fundamentada en Cristo”.